
- Las dietas paleolítica, cetogénica y el ayuno intermitente se basan en la restricción de alimentos, macronutrientes o momentos de ingesta. Aunque pueden mejorar el peso y algunos parámetros metabólicos a corto plazo, también pueden generar desequilibrios nutricionales y dificultar su seguimiento a largo plazo.
- La evidencia científica actual no las considera superiores a otros patrones dietéticos equilibrados. Sus posibles beneficios dependen de la correcta planificación, la duración y el contexto individual, más que del tipo de dieta en sí.
- Estas estrategias no son apropiadas para toda la población y su uso debe limitarse a personas adultas sanas y en situaciones concretas, siempre con supervisión profesional debido a los riesgos potenciales en determinados grupos.
- La base de una alimentación saludable es un patrón flexible y sostenible, centrado en alimentos de calidad, poco procesados, con variedad y adaptados a las necesidades y al contexto de cada persona.
En los últimos años, numerosas estrategias dietético-nutricionales como la dieta paleolítica, el ayuno intermitente y la dieta cetogénica han ganado más popularidad como diferentes opciones para mejorar la salud. Aunque estos patrones dietéticos presentan enfoques distintos, comparten una característica, la restricción significativa de alimentos o grupos alimentos o los momentos de la ingesta. Aunque estas dietas pueden resultar muy útiles en algunas situaciones específicas, existen algunas cuestiones más controvertidas sobre su seguridad, su adecuación y su adhesión a largo plazo. Por ello, es necesario analizarlas desde una perspectiva más crítica y basada en la evidencia científica.
¿Qué entendemos por patrones dietéticos restrictivos?
Los patrones dietéticos restrictivos se caracterizan por limitar de forma importante, la cantidad, el tipo o el momento de consumo de determinados alimentos. Esta restricción puede afectar a grupos de alimentos enteros, como ocurre en dietas que reducen mucho la cantidad de algún macronutriente, por ejemplo, los hidratos de carbono, o de grupos de alimentos, o bien relacionadas con los horarios de ingestas, como sucede en el ayuno intermitente.
Aunque estas estrategias pueden generar beneficios a corto plazo, especialmente en la pérdida de peso o en el control de algún parámetro metabólico, también pueden aumentar el riesgo de desequilibrios nutricionales si no se planifican de forma adecuada y por un profesional. Además, al ser bastantes restrictivas puede ser complicado seguirlas a largo plazo. Por ello, resulta fundamental evaluar estos patrones no solo por sus resultados inmediatos, sino también por su impacto sobre la salud y otros aspectos de mayor relevancia.
Dieta paleolítica: fundamentos, beneficios y limitaciones
La dieta paleolítica o dieta paleo se basa en el patrón dietético que, teóricamente, seguían las poblaciones humanas durante el Paleolítico. Este tipo de dieta promueve el consumo de alimentos no procesados como carnes magras, pescados, huevos, frutas, verduras, frutos secos y semillas. La dieta paleolítica limita los alimentos que surgieron con la agricultura durante el Neolítico, como los productos lácteos, las legumbres y los cereales
Entre los posibles beneficios descritos se encuentran una mejora del control glucémico, algunos parámetros del perfil lipídico o la pérdida de peso. Por otra parte, la exclusión de grupos de alimentaros completos puede dificultar el adecuado aporte de nutrientes como el calcio, la vitamina D, la fibra o ciertos compuestos bioactivos presentes en legumbres y cereales integrales.
La evidencia científica a largo plazo es limitada y su carácter restrictivo puede comprometer la adhesión a largo plazo. Por ello, aunque comparte características positivas con otros patrones saludables, la dieta paleolítica requiere una planificación cuidadosa y una evaluación individualizada.
El ayuno intermitente: concepto, efectos metabólicos y consideraciones prácticas
El ayuno intermitente no es una dieta en sí misma, sino una restricción calórica programada que alterna periodos de ingesta con periodos de ayuno, sin especificar necesariamente qué alimentos se deben consumir, sino cuándo hacerlo. Al limitar las horas en las que se ingieren alimentos, se restringen las calorías consumidas.
Existen diferentes tipos de ayuno intermitente. El ayuno diario con tiempo restringido se basa en comer con normalidad, pero sólo dentro de un lapso de 8 horas al día. Este tipo de ayuno también se denomina ayuno 16/8. Se calcula que este método supone una reducción de unas 300-500 kcal diarias. También hay otras opciones 12:12 (12 h de ayuno y 12 h de ingesta). Otra opción, es el ayuno de días alternos en los que 3 días a la semana, se hace un ayuno del 75% de la ingesta calórica habitual, alternando días de ayuno con días sin ayuno. En los días de ayuno se realizaría un desayuno o almuerzo ligero, manteniendo 18 h de ayuno el resto del día o bien un ayuno completo esos días. Por último, el ayuno 5:2, hace referencia a comer una dieta normal 5 días a la semana y ayunar 2 días consecutivos a la semana. Los días de ayuno sólo incluyen unas 500 kcal o ayuno completo y durante el resto del día se puede tomar café, caldos de verduras o infusiones sin azúcar en el período de ayuno.
Desde el punto de vista fisiológico, el ayuno intermitente favorece la utilización de las reservas acumuladas en el organismo y se reducen los niveles de insulina y se puede conseguir bajar de peso. Algunos estudios han observado beneficios comparables a los de la restricción calórica continua en la pérdida de peso y en la reducción de factores de riesgo cardiometabólico. Sin embargo, la evidencia disponible, no demuestra que el ayuno sea mejor que otros patrones dietéticos más equilibrados.
Por otra parte, no todas las personas se adaptan bien a este tipo de alimentación, ya que se pueden generar dificultades para cubrir las necesidades nutricionales, y ser especialmente desaconsejable, en personas mayores, embarazadas, lactantes o adolescentes. Las personas con cálculos renales, reflujo gastroesofágico, diabetes u otros problemas médicos deben consultar con los profesionales sanitarios de referencia antes de comenzar a realizar ayuno intermitente. Por todo ello, el ayuno intermitente debe considerarse una estrategia opcional, que solo resulta adecuada si se adapta a las características individuales y se acompaña de una dieta de calidad.
Entre la popularidad y la evidencia científica
Las dietas paleolítica, cetogénica y el ayuno intermitente, comparten que son restrictivas y que, actualmente, tienen una gran popularidad, lo que ha favorecido su adopción como estrategias rápidas para la pérdida de peso o la mejora de la salud metabólica. No obstante, la evidencia científica disponible ha indicado que sus posibles beneficios dependen en gran medida del contexto, la duración y la correcta planificación, y no son necesariamente superiores a los de patrones dietéticos equilibrados y menos restrictivos.
Además, al ser tan excluyentes se dificulta la adhesión a largo plazo y puede aumentar el riesgo de desequilibrios nutricionales si no se supervisan de forma adecuada. La base de una alimentación saludable reside en la individualización, la calidad de los alimentos y poder seguir el patrón dietético en el tiempo. Cualquier estrategia dietético-nutricional debe basarse en la evidencia científica, adaptarse a las necesidades individuales y priorizar la salud a largo plazo.
¿Para quién?
La dieta paleolítica, el ayuno intermitente y la dieta cetogénica pueden ser útiles en contextos concretos y en perfiles específicos y siempre bajo supervisión profesional. Estas estrategias pueden considerarse en personas adultas sanas, motivadas y con capacidad para seguir pautas estructuradas, especialmente cuando existe un objetivo claro, como la mejora de algunos parámetros metabólicos o el control del peso a corto plazo. Sin embargo, no son patrones dietéticos adecuados para toda la población. Su seguimiento puede resultar inapropiado o incluso perjudicial en niños y adolescentes, embarazadas o en periodo de lactancia, personas con trastornos de la conducta alimentaria, enfermedades renales, hepáticas o metabólicas, entre otras circunstancias.
Hacia un patrón que se pueda mantener
Más allá de las dietas restrictivas, la evidencia científica respalda la necesidad de adoptar un patrón dietético flexible, adaptable y que se pueda seguir a largo plazo. Un patrón dietético saludable debe priorizar la variedad, el equilibrio y la calidad de los alimentos, fomentando hábitos que puedan mantenerse en el tiempo.
La base vegetal de la alimentación, el consumo moderado de alimentos de origen animal, y la elección de productos poco procesados, constituyen los pilares claves de los patrones dietéticos más adecuados. Además, integrar la alimentación en el contexto social, cultural y emocional de la persona, favorece la adhesión y contribuye a una mejor salud a largo plazo.
Conclusión
La dieta paleolítica, el ayuno intermitente y la dieta cetogénica, son tres enfoques nutricionales que se caracterizan por tener diferentes restricciones. Aunque pueden ofrecer beneficios en situaciones concretas y a corto plazo, no están exentos de limitaciones, riesgos y dificultades de adhesión a largo plazo. La evidencia actual sugiere que no existe una única dieta válida para todas las personas, sino que la clave reside en la individualización y la planificación adecuada. Se deben priorizar patrones dietéticos que se puedan seguir a lo largo del tiempo, variados y basados en productos poco procesados para evitar efectos negativos y fomentar una mejor salud a largo plazo.
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