Pescado y marisco: ciencia, nutrición y salud

  • El valor nutricional del pescado y del marisco hace que estos alimentos sean una fuente completa de nutrientes esenciales, incluyendo proteínas de alto valor biológico, ácidos grasos omega-3, vitaminas y minerales. Esta composición equilibrada los convierte en alimentos muy interesantes dentro de un patrón dietético saludable.
  • El consumo frecuente de pescado y marisco contribuye a la salud cardiovascular, ayudando a reducir los triglicéridos plasmáticos y limitar la formación de placas de ateroma por su efecto antiinflamatorio y antitrombótico. Además, favorece el correcto funcionamiento del sistema nervioso y la cognición, la salud ósea, la regulación metabólica y tiroidea, presentando un papel fundamental frente a diversas enfermedades crónicas.
  • La gran variedad de especies de pescado y marisco permite disfrutar de múltiples sabores y texturas, desde pescados suaves hasta especies con un sabor intenso. Esta diversidad facilita su integración en diferentes patrones dietéticos y preparaciones culinarias, promoviendo dietas equilibradas y atractivas desde el punto de vista sensorial.
  • Aunque el pescado y el marisco pueden presentar riesgos de origen químico (metilmercurio) y biológico (Anisakis), estos son generalmente controlables mediante programas de control sanitario y prácticas responsables. Cuando se consumen siguiendo estas pautas, los beneficios nutricionales superan ampliamente los riesgos, reforzando su inclusión como auténticos pilares de una dieta saludable.

El pescado y el marisco (moluscos y crustáceos) son alimentos muy interesantes dentro de la dieta, ya que combinan un valor nutricional muy adecuado, una gran versatilidad culinaria y numerosos beneficios demostrados en la salud. Su consumo habitual aporta nutrientes esenciales y la integración en diferentes patrones dietéticos en el contexto de una dieta saludable, permite satisfacer necesidades nutricionales y promover hábitos saludables a largo plazo. Además, estos alimentos están muy ligados a la cultura y tradición gastronómica, especialmente en países como España, donde el consumo de pescado ha formado parte de la dieta durante siglos.

Composición nutricional

El pescado es un alimento muy completo, cuya composición nutricional depende de factores como la especie, la edad o el tamaño del pez.

Proteínas:

  • Proteínas de alto valor biológico, ricas en algunos aminoácidos como leucina, valina, treonina, lisina y triptófano y de muy buena digestibilidad.

Grasas y lípidos:

  • Los pescados se pueden clasificar según su contenido en grasas: pescado blanco o magro (<2,5 % de grasa), pescado semigraso (2,5–6,5 % de grasa) y pescado azul o graso (6,5–25 % de grasa, rico en ácidos grasos omega-3, especialmente EPA y DHA, que ayudan a reducir la inflamación, mejorar la salud cardiovascular y favorecer la función cerebral).
  • A diferencia de las grasas saturadas presentes en alimentos tanto de origen animal, por ejemplo, carnes rojas, como en ciertos aceites vegetales, por ejemplo, palma y coco, los lípidos del pescado tienen numerosos efectos positivos.

Minerales y vitaminas:

  • Minerales: calcio, fósforo, hierro, cinc, potasio, magnesio, cobre, selenio y, especialmente yodo, necesario para la función tiroidea y el metabolismo.
  • Vitaminas del grupo B y la D y A, particularmente abundantes en pescados grasos. Algunas especies como la sardina aportan ácido fólico.

Beneficios respaldados por la evidencia científica

El pescado presenta numerosos efectos beneficiosos para la salud, entre los que son destacables:

  • Salud cardiovascular. Los ácidos grasos omega-3 han demostrado efectos cardioprotectores, incluyendo la reducción de los triglicéridos, la disminución del riesgo de hipertensión arterial, disminución de la formación de placas de ateroma, arritmias y eventos cardiovasculares mayores.
  • Sistema nervioso y la función cognitiva. La vitamina B12 y los ácidos grasos omega-3 tienen un papel fundamental en el mantenimiento de la función neurológica, contribuyendo a la mejora de procesos cognitivos como la memoria, la concentración y el rendimiento.
  • Salud ósea. El contenido en calcio, fósforo y vitamina D, contribuye significativamente al mantenimiento de la densidad mineral ósea y a la prevención de patologías como la osteoporosis.
  • Regulación metabólica y la función tiroidea. El yodo es un micronutriente esencial para la síntesis de hormonas tiroideas, las cuales desempeñan un papel clave en la regulación del metabolismo energético y en numerosos procesos fisiológicos.

El marisco, aunque suele ocupar un lugar secundario en la dieta por su precio y percepción como alimento de disfrute, también aporta nutrientes esenciales, como proteínas, minerales y vitaminas.

Por todo ello, el pescado y el marisco no solo constituye una alternativa nutricionalmente más saludable frente a determinadas carnes, sino que pueden considerarse alimentos con un papel muy relevante en la prevención de enfermedades crónicas y en la promoción de la salud a largo plazo.

Calidad y seguridad del pescado y marisco

La frescura y calidad nutricional del pescado dependen de factores como especie, edad, tamaño, entorno y época de captura. Mantener la cadena de frío y un adecuado almacenamiento, son esenciales para preservar su valor nutricional y minimizar riesgos microbiológicos.

Es fundamental considerar la seguridad alimentaria, prestando atención a contaminantes, parásitos y otros riesgos biológicos, especialmente en consumo crudo o poco cocido, así como seguir recomendaciones de manipulación, cocción y almacenamiento para asegurar que los beneficios de estos alimentos se puedan aprovechar de manera segura.

¿Tiene algún riesgo el consumo de pescado y marisco?

El pescado y el marisco pueden presentar riesgos de origen biótico y abiótico, aunque generalmente controlables mediante su regulación y unas buenas prácticas. Los principales riesgos químicos son el metilmercurio y otros contaminantes ambientales y los riesgos biológicos, parásitos como Anisakis simplex. Todos estos riesgos están sujetos a programas de control y recomendaciones de seguridad alimentaria, para minimizar la exposición de la población.

El balance riesgo-beneficio

Evaluando de forma global, los beneficios nutricionales y los efectos positivos para la salud del consumo de pescados y mariscos superan ampliamente los riesgos cuando se consumen de manera responsable. Por ello, el pescado y marisco son alimentos muy interesantes dentro de un patrón dietético equilibrado, contribuyendo a la salud cardiovascular, cerebral, metabólica y ósea.

¿Cuánto pescado y marisco debemos consumir?

Como recomendación general, se aconseja consumir entre 3-4 raciones de pescado a la semana (1-2 raciones en forma de pescado azul), una ración equivale a unos 150-200 gramos. Es recomendable combinar pescado blanco (merluza, bacalao) que son bajos en grasa y de fácil digestión con pescado azul (salmón, sardina, caballa) que son ricos en ácidos grasos omega-3.

Las embarazadas y los niños deben consumir pescado, pero limitando especies con alto contenido en mercurio (pez espada o atún rojo). Las personas que presentan alto riesgo cardiovascular pueden beneficiarse de incrementar su consumo de pescado, especialmente, el azul.

Conclusiones

Incorporar pescado y marisco de forma frecuente constituye una estrategia nutricional que combina sabor, tradición y ciencia.

Su composición nutricional, caracterizada por un aporte significativo de proteínas de alto valor biológico, ácidos grasos omega-3, vitaminas y minerales, contribuye a la prevención de enfermedades crónicas.

La amplia diversidad de especies facilita su inclusión en diversos patrones dietéticos saludables. Un consumo adecuado, junto con las medidas de control y de seguridad alimentaria, garantiza que los beneficios superen de forma amplia a los riesgos.

Por todo ello, el pescado y el marisco son alimentos muy interesantes y beneficiosos para consumir en una dieta saludable y equilibrada.

Referencias

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Ros Berruezo, G., Martínez Graciá, C., & Santaella Pascual, M. (2024). Pescados y mariscos. En A. Gil Hernández (Ed.), Tratado de nutrición. Tomo 3: Composición y calidad nutritiva de los alimentos (4.ª ed., pp. 79–94). Editorial Médica Panamericana.

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